Las Lagunas de Ruidera son uno de esos lugares que parecen haber sido diseñados por la naturaleza para sorprender. Aguas transparentes, diferentes tonalidades de azul y verde, cascadas, barreras de roca y un paisaje que cambia constantemente según la luz y la época del año. Pero ¿cómo se formaron las Lagunas de Ruidera?
La respuesta está en un proceso geológico que lleva miles de años desarrollándose y en el que intervienen el agua, las rocas calizas, un sistema kárstico y unos depósitos de carbonato cálcico conocidos como tobas o travertinos.
Entender este proceso permite mirar las Lagunas de Ruidera de otra manera: no son simplemente una sucesión de lagunas, sino el resultado visible de una compleja relación entre el agua subterránea, el río y la geología del Campo de Montiel.
Cómo se formaron las Lagunas de Ruidera: un paisaje construido por el agua
Las Lagunas de Ruidera se encuentran en el entorno del Campo de Montiel, sobre materiales carbonatados de edad jurásica que forman un importante acuífero kárstico.
¿Qué significa esto?
Las rocas calizas tienen grietas, fracturas y zonas que pueden ir siendo disueltas por el agua. Cuando llueve, parte del agua se infiltra en el terreno y circula por el interior de estas rocas.
Durante ese recorrido, el agua entra en contacto con los materiales calizos y adquiere una importante carga de carbonatos.
El agua subterránea termina aflorando en diferentes puntos del valle a través de manantiales y surgencias. Es entonces cuando comienza uno de los procesos más interesantes de la formación de Ruidera.
¿Qué son las barreras de toba?
Si hay un elemento que explica por qué existen las Lagunas de Ruidera tal y como las conocemos hoy, son sus barreras tobáceas.
Las tobas calcáreas son depósitos de carbonato cálcico que se forman cuando el agua, al salir del acuífero y cambiar determinadas condiciones físico-químicas, pierde parte del dióxido de carbono que llevaba disuelto y precipita carbonato cálcico.
Este proceso se ve favorecido por la vegetación y por organismos fotosintéticos presentes en el agua.
De una manera sencilla: el agua va dejando pequeñas cantidades de carbonato cálcico sobre superficies y restos vegetales. Con el paso del tiempo, estos depósitos se acumulan y forman estructuras de roca.
En Ruidera este fenómeno llegó a adquirir una dimensión extraordinaria.
De pequeñas acumulaciones a auténticas represas naturales
Con el paso del tiempo, la acumulación de estos depósitos carbonatados fue creando auténticas barreras naturales.
Estas barreras actuaron como pequeños diques que retenían el agua y daban lugar a zonas de aguas remansadas.
Así se fue configurando el sistema de lagunas que conocemos actualmente.
Por eso, las barreras de toba no son simplemente un elemento decorativo del paisaje: son una de las claves para entender por qué las Lagunas de Ruidera existen.
La propia Junta de Castilla-La Mancha explica que la formación del conjunto se debe al represamiento de las aguas por estas barreras naturales de toba. El Inventario Español de Lugares de Interés Geológico del IGME las identifica, además, como el elemento más destacado del sistema fluviolacustre de Ruidera.
¿Y por qué hay cascadas entre las lagunas?
Esta es otra de las características que hacen tan especial a Ruidera.
Las lagunas se encuentran escalonadas a lo largo del valle y están separadas por las barreras tobáceas. Cuando existe suficiente caudal, el agua supera estas barreras y pasa de una laguna a la siguiente.
De esta forma se generan cascadas, arroyos y pequeños saltos de agua que conectan diferentes puntos del sistema.
El resultado es un paisaje fluviolacustre muy poco habitual: no estamos ante lagos aislados, sino ante un sistema conectado en el que el agua circula entre las distintas lagunas.
Según la información oficial del sitio Ramsar publicada en el BOE, el conjunto se extiende aproximadamente a lo largo de 25 kilómetros, con un desnivel de unos 120 metros y 15 lagunas escalonadas.
Un proceso que todavía podemos ver en el paisaje
Una de las cosas más interesantes de Ruidera es que su historia geológica no se encuentra únicamente en el pasado.
Las barreras tobáceas son el resultado de procesos que han tenido lugar durante miles de años y que permiten interpretar cómo ha evolucionado el sistema.
El IGME ha identificado diferentes generaciones de depósitos tobáceos. Algunos corresponden a etapas del Pleistoceno y otros, más recientes, se desarrollaron durante el Holoceno y forman buena parte del paisaje actual.
Esto significa que las rocas y formas que vemos hoy son, en cierto modo, páginas de la historia ambiental de Ruidera.
No todas las barreras y lagunas tienen la misma edad
Otro dato interesante es que las formaciones tobáceas de Ruidera no se crearon todas al mismo tiempo.
Los estudios geológicos han identificado diferentes generaciones de terrazas y diques travertínicos. Algunas formaciones son muy antiguas, mientras que otras pertenecen a etapas mucho más recientes.
De hecho, investigaciones científicas han datado algunas terrazas y diques en más de 80.000 años, mientras que otros depósitos son inferiores a 10.000 años.
Esto permite entender que el paisaje actual es el resultado de una evolución prolongada y compleja, no de un único acontecimiento geológico.
¿Qué papel tiene el acuífero del Campo de Montiel?
El acuífero es fundamental para entender Ruidera.
Las aguas de lluvia se infiltran en las rocas carbonatadas del Campo de Montiel y circulan por ellas gracias a su permeabilidad y a los procesos de karstificación.
Posteriormente, el agua subterránea aflora mediante diferentes surgencias en el entorno de las lagunas.
Por eso, el estado de las lagunas está estrechamente relacionado con la disponibilidad de agua subterránea y con las precipitaciones.
El IGME señala que los caudales de estas surgencias son sensibles al régimen de precipitaciones y también a las extracciones de agua destinadas al regadío, algo que puede influir en los niveles de las lagunas.
Entonces, ¿las lagunas las creó el río Guadiana?
La relación con el Alto Guadiana es fundamental, pero decir simplemente que «el río creó las lagunas» sería una simplificación.
Lo que encontramos es un sistema fluvio-lacustre en el que intervienen tanto las aguas superficiales como las aguas subterráneas procedentes del acuífero kárstico.
El agua circula por el valle y, al encontrarse con las barreras tobáceas, queda retenida y forma las diferentes lagunas.
Por eso, la geología y la hidrogeología son inseparables cuando hablamos del origen de Ruidera.
Un paisaje que sigue siendo vulnerable
Las mismas características que hacen extraordinarias a las Lagunas de Ruidera también hacen que sean un sistema delicado.
Las barreras tobáceas son estructuras naturales que pueden verse afectadas por grandes avenidas, periodos prolongados de sequía y alteraciones en el funcionamiento del acuífero.
El IGME documenta, por ejemplo, una importante avenida en 1545 que provocó el colapso parcial de una barrera en la Laguna del Rey y originó el conocido paraje de El Hundimiento. También recoge otros episodios de crecida posteriores.
Por otro lado, la disponibilidad de agua subterránea es esencial para mantener el funcionamiento del sistema.
Todo esto explica por qué conservar las Lagunas de Ruidera no consiste únicamente en proteger un paisaje bonito, sino en preservar un sistema geológico e hidrogeológico especialmente valioso.
Un paisaje excepcional en Europa
La singularidad de Ruidera ha hecho que sea reconocida como un lugar de gran interés geológico.
El IGME considera las Lagunas de Ruidera uno de los mejores ejemplos europeos de lagos asociados a barreras tobáceas, comparable en este aspecto al sistema de lagos de Plitvice, en Croacia.
Además, el conjunto forma parte de la Red Natura 2000, está incluido en la Reserva de la Biosfera La Mancha Húmeda y está reconocido como humedal de importancia internacional Ramsar.
Las Lagunas de Ruidera: miles de años de historia que podemos recorrer hoy
La próxima vez que contemples una cascada, una barrera de roca o el agua de una de las lagunas, puedes pensar que estás observando el resultado de un proceso que comenzó hace miles de años.
El agua se infiltró en las calizas del Campo de Montiel, circuló por el acuífero, volvió a la superficie cargada de carbonatos y, poco a poco, fue construyendo barreras naturales capaces de retener el agua.
El resultado es el paisaje que conocemos hoy: un sistema de lagunas conectadas, cascadas y formaciones tobáceas que convierten a Ruidera en uno de los espacios naturales más singulares de Castilla-La Mancha.
Y quizá esa sea una de las mejores formas de descubrir las Lagunas de Ruidera: no solo contemplando su belleza, sino entendiendo la historia natural que hay detrás de cada una de sus aguas, cascadas y formaciones.

